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Docente y Licenciada en Ciencias de la Educación.
Idiomas :Español y Portugues.
Traducción de páginas en este idioma.

 AsesoríaDigital Ana María Castro Luca

lunes, 28 de marzo de 2016

Amar/amarse diferente para no naufragar


Amar/amarse diferente para no naufragar

           



        Al hilo del escrito anterior: "Somos como nos quisieron", un compañero me comentaba que estaba leyendo "Relato de un náufrago" de Gabriel garcía Márquez. Se sintió removido por ciertas escenas del libro. La primera que me comentaba es cuando el protagonista está a oscuras, tanto que no llega a verse ni su propia mano, otro momento que le impactó fue cuando, desesperado por la lentitud del tiempo se ve tentado a arrojar al mar el reloj que desafiante le recordaba esa dilación temporal cada vez que lo miraba. Pero menos mal que se detuvo "a tiempo" porque este objeto era lo poco que tenía (o mucho). Seguro que muchos nos acordamos también de la película de "Náufrago", su protagonista, Tom Hanks, crea un vínculo muy fuerte con "su amigo" Wilson, una pelota a la que habla, quiere, desea, ama.., hasta el punto de arriesgar su vida para salvarla, para no perderla en el mar.

        Ambos casos nos hablan de lo mismo, de cómo nos aferramos a los objetos, que pueden ser cosas, personas, ideas, representaciones... En una situación desesperada uno se aferra a lo que puede/tiene. En estos dos casos, los náufragos se agarran a la realidad a través de sus objetos, como sus últimos reductos para no caer en la locura. Se sujetan al mundo agarrándose a los objetos y tomándolos como referencia, mirándose en ellos "saben quienes son" y no se despersonalizan de la realidad. Y en ese momento el reloj/la pelota se convierten por transitividad en su única realidad. Si tira el reloj, osea si renuncia a esa realidad, aparece el vacío.

        Fue esto lo que nos llevó a hablar del ejemplo de la persona maltratada del escrito anterior, y de lo difícil que es renunciar a "nuestras realidades".

        La realidad del ser humano no es otra cosa que el imaginario de lo que hay, o más fácil, de como nos imaginamos la realidad (porque a lo real no podemos acceder). Este imaginario lo construimos con el imaginario que nos transmite el Otro primordial, es decir, vamos a introyectar la realidad que nos transmiten nuestros padres o las figuras que cumplan esas funciones. Como en el amor, la persona se vuelve crédula a esto que se le transmite. ¿Locura? Justamente lo contrario, gracias a esto el sujeto se convierte en sujeto, se agarra al mundo (como el náufrago al reloj/pelota). El psicótico no se puede agarrar igual, está desorganizado, también se aferra al mundo como puede, pero lo que hace es un "como si", trata de hacer las cosas que hace el sujeto que se considera normal, trabajar, casarse, comprarse un piso, etc.., pero es un "como si" fuera normal, como si fuera como los demás. Una película que explica bien esto es: "Melancholia" de Lars von Trier (un director que nos deja muy buenas películas para pensarlas desde el psicoanálisis). Y uno de los buenos explicantes de esta película desde el psicoanálisis es el profesor Jesús González Requena.

        Cuando asumimos esa realidad nos construimos en base a ella, en base porque es la base de nuestros cimientos y la única realidad que conocemos. ¿Qué pasa cuando la realidad es perjudicial o muy perjudicial para el sujeto? ¿Que la cambia por otra menos dañina? No, porque no existe. Es decir, no podemos pensar en si viviríamos mejor en la Tierra que en un planeta que aún no se ha descubierto, porque  no existe, y más difícil aún, porque el planeta no existente por lo menos está en nuestro imaginario, pero otra realidad no está, porque no es real. Se escapa de nuestro imaginario como si fuese el mecanismo de forclusión de la psicosis.

        Por eso, cuando vemos realidades, vamos a llamarlas jodidas, nos sorprende que la persona no puede dejar de repetirlas, no puede, porque no hay otra. La persona maltratada de la que tanto hemos hablado últimamente sólo conoce ser querida/deseada de esa manera, y sino no sabe quien es, por eso no puede renunciar, porque no tiene nada para hacer el cambio, su maltrato es el reloj del náufrago. Después de la renuncia le espera el vacío, la angustia, como si fuese el síndrome de abstinencia del drogadicto. 

        Hace años, y al hilo del mar y de los naufragios escuché al psicoanalista Alfonso Gómez Prieto decir que el psicoanalista era como un faro que alumbraba a un barco que se había perdido (a una persona con depresión), qué bien le hubiera venido a nuestro náufrago un faro. Y es que el náufrago sólo tenía el reloj, pero la persona maltratada, como el neurótico habitual sí tiene la posibilidad de alumbrarse con el faro que le propone su análisis. es ahí donde se puede cambiar esa realidad cimentada, cuando, "en transferencia", la repetición falla, es decir, cuando la persona maltratada intenta por todos los medios que el analista le maltrate y esto no ocurre, cuando la/el histérico intenta seducirle y no puede, cuando el obsesivo intenta derrocarle y no puede, etc.., cuando falla la repetición y la persona entiende que se puede vincular de otra manera, que le pueden querer de otra manera. Ahí, aparece UN NUEVO MUNDO, de significantes, osea una nueva realidad que ahora sí existe. Una nueva manera de querer/quererse, y es que el problema siempre fue un problema de amor.

Luis Martínez de Prado.
Psicólogo - Psicoanalista.